Con alma de taberna del siglo XIX, La Fisna lleva una década rompiendo esquemas en esto del vino. Bajo sus techos altos, acabados de madera y paredes de ladrillo visto, sus más de 900 referencias se salen del guion para dar paso a pequeños productores, vinos de mínima intervención y bodegas independientes. Al mando está Delia Baeza, que abrió este local sin grandes expectativas y acabó creando un espacio pionero, de referencia internacional, donde el vino se entiende de otra forma. Las copas se acompañan con una cocina de mercado y mucho respeto al producto: platos castizos, de temporada, pensados para compartir.