El brutalismo arquitectónico inspira su manera de entender la cocina: elaboraciones sencillas, directas, donde el producto se respeta y se potencia su sabor a través de escabeches, fermentaciones y confitados, técnicas que dominan con maestría y definen su carácter. Se decantan por vinos tradicionales que acompañan con humildad, especialmente interesados por el vino de Jerez y de Sanlúcar.