Cariño, mimo por los detalles, una cuidada carta de vinos de unos quince vinos en rotación y uno de los mejores vermuts de la capital, que solo se puede degustar aquí (lo elabora una familia de Reus con un toque único que le dan sus amigos de Macera), conforman los cimientos de esta pequeña bodega histórica de Madrid. Un bar de los de toda la vida, icónico en el barrio, cuyo origen se remonta a 1947 y que hasta hace unos años fue regentado por unos hermanos muy queridos en Chamberí, a los que les han tomado el relevo otros dos hermanos, también muy queridos en Madrid, expertos y amantes de la hostelería, Jorge y Diego Chapa. ¿El secreto de su éxito? Mantener la esencia de esta bodega, que un día, vio elaborar vinos y vermuts en sus tinajas casi centenarias, con un gran producto de proximidad y recetas de toda la vida, pero con un toque diferencial. Otro de sus secretos, es que también utilizan los vinos de su propia carta para elaborar gran parte de sus platos, como sus boquerones en vinagre, elaborados al estilo “Jiménez” con una primera elaboración de una familia de Santoña y finalizados con un toque de naranja, vermut, un chorrito de AOVE, un picado de piparras y una gelatina de vermut. Las carrilleras, las albóndigas, la ensaladilla o su tarta de queso son algunos de los platos estrella de este acogedor local histórico, revisitado, con una excelente relación calidad – precio. Muy de “Madrid. Días de Vino”.